lunes, 19 de marzo de 2018

EN CASO DE QUE GANARA...

 

Buenos días a todos desde París.  Desafortunadamente no he podido estar presente en el fallo del premio BAM de cuentos de este año por cuestiones de distancia geográfica.  De ser leídas estas líneas, gracias Philippe, entiendo que es porque mi libro “Coreografía del desencanto” fue el elegido por el jurado del certamen como ganador del certamen 2018. De ser así, mi primer agradecimiento es para los miembros del jurado por el fallo que imagino siempre suele ser muy difícil. Gracias por el tiempo de su vida y la atención que le otorgaron a mis narraciones (espero que mis personajes, en su mayoría artistas neuróticos, marginales inconformes y casi todos insomnes melancólicos no los hayan desesperado demasiado, pero si así fuera  me alegra porque esa era también la intención) De igual forma agradezco a todos los organizadores de este certamen, al Banco Agrícola Mercantil por el premio en metálico, a la editorial F&G editores y a las personas que en paralelo hacen que un libro más sea posible.
Debo decir que aunque quisiera, hoy me es imposible enumerar los tantísimos detalles que hicieron que este libro resultara tal cual, quizá porque la necesidad de reunir y unificar cuentos  en un libro, es muy semejante a la necesidad de escribir sin saber lo que se va a descubrir, ya que si algo tiene este ejercicio en común es el de la curiosidad de no saber con qué nos vamos a encontrar al final (‘Uno escribe lo que puede y no lo que quiere’ decía Borges, con increíble lucidez) En su mayoría, lo 22 cuentos aquí reunidos empezaron siendo pequeños universos anecdóticos y muy distintos de lo que hoy son. Algunos incluso fueron durante algunos años la tentativa de lanzarme a escribir novelas cortas y hasta dos o tres novelas largas, algo para lo que no soy nada bueno… Quizá por eso preferí dejarlos descansar encima del piano, llevarlos metidos en la mochila a todas partes, tenerlos siempre durante la noche en la cocina o bajo la almohada, hasta que ya pasado cierto tiempo algunos fueron rompiendo el cascarón, y decidieron vivir por si solos, y yo me atreví a retomarlos de nuevo para dejarme llevar por los imprevistos de la imaginación y acompañar a los personajes durante incontables horas de insomnio a lo largo de varios años hasta que llegaron a ser lo que son… ( Ningún autor es bueno para hablar de manera profunda sobre lo escrito y en lo personal desconfío de quienes pueden hacerlo, así que lo mejor va a ser que ustedes lean el libro cuando sea publicado en su momento)  





Una pequeña aclaración:
¿Por qué “Coreografía del desencanto” está dividido en tres partes encabezadas cada una de ellas por tres ciudades distintas?

París, porque se trata de la ciudad en donde he pasado la parte más larga de mi vida. Barcelona, porque es la ciudad fugaz de Europa a donde siempre vuelvo para romper con el malhumor de los franceses y el mal clima de París, y por ser el territorio ideal en donde me  gustaría terminar algún día mi vida. Y Guatemala, por razones que son más que obvias.. y en este punto quisiera subrayar algo importante: … El año en que yo llegué a Francia con una beca del gobierno francés para estudiar música (1985) fue el mismo en que falleció en la ciudad de Albi el escritor guatemalteco Manuel José Arce. Yo nunca lo conocí, aunque más tarde algunos de sus amigos se convirtieron también en mis amigos. Y es un extracto de uno de sus textos (‘Yo no quisiera ser de aquí’) el que se impuso como uno de los epígrafes  que mejor sintetizan el ambiente que planea sobre el ensamble de cuentos que forman este libro. El extracto dice así:  “…uno anda llevando su Guatemala adentro, como un amado cáncer, como una idea fija, como un verde corazón que siempre duele al palpitar y que palpita siempre”.  
La otra parte del párrafo del texto de Arce que omití para no alargar el epígrafe, y que hace referencia a Guatemala dice: “Yo no quisiera estar aquí, Yo no quisiera ser de aquí. Y aunque me duele el dolor del mundo, perdóneseme, pero me duelen menos otros países, que éste.” La omisión no es anodina, y me fue dictada probablemente con cierto optimismo por los mismos personajes de mis cuentos, que me decían que ellos eran capaces de interpretarla o transformarla de forma más esperanzadora, en algunas partes quizá más dramática, en otras tragicómica, y hasta melancólica y absurda, pero siempre desde su propio exilio.
Espero de todo corazón que cuando tengan el libro entre las manos encuentren en él algo que los conmueva, que los irrite, que los divierta, por sobre todo que los distraiga, o lo que sea, pero que no los deje indiferentes.
Quisiera darle las gracias a mi hermana Giovanna, que hoy me representa y está compartiendo con ustedes, porque siempre ha confiado en mis aventuras artísticas desde que éramos muy niños sin ponerme nunca peros y aportándome incondicionalmente confianza, cariño, tiempo y mucho entusiasmo.
Gracias a todos los presentes ahora en Sophos, y gracias a mis amigos editores del Periódico, La Hora, y la editorial Magna Terra que nunca han dudado en publicarme y confiarme espacios en los diarios y revistas con las que por su lado batallan. Espero poder conocer a todos los presentes personalmente cuando “Coreografía del desencanto” se presente en Guatemala. Mientras tanto les va mi amistad incondicional y un cordial saludo desde París.

Posdata:
Si no gané por lo menos este discurso me va a servir  para cuando me den un Oscar en Hollywood junto a Mickey Mouse y  Pluto por los años juntos en Disneyland París. Qué viva la literatura y que viva el Arte.  


Texto enviado desde París y leído por Philippe Hunziker, director general de la librería Sophos, después del fallo del certamen de libro de cuentos BAM 2018. 



viernes, 20 de octubre de 2017

Historia de amor de un 19 de octubre.







Por Marlon Meza Teni.

 

 

Pocas veces en la vida he sido testigo del amor y la devoción que una mujer pueda sentir hacia un hombre, al punto de casi creer que aún este vivo cuando en realidad para los demás ya se haya muerto. Pocas veces algo semejante a la admiración que Blanca Mora y Araujo sentía aún por Miguel Ángel Asturias cuando yo la conocí en 1986 en su departamento de París de la Plaza Saint Ferdinand, y empezamos a trabajar en sus memorias y la recopilación de su correspondencia de amor entre otras cosas. Desde un principio, Blanca nos tomó a Carolina y a mí un cariño que siempre fue recíproco en la soledad de sus últimos años en Francia, quizá porque nos percibía con una mirada distinta y con los mismos ojos con los que se ve al café de exportación guatemalteco cuando no se ha visto y se vive lejos, y por que sin duda alguna el acento y cierto entusiasmo vivaz en ambos le recordaba el lugar de donde venía su Miguel Ángel. Nunca hasta hoy he conocido a nadie con una memoria como la de Blanca de Asturias.  Memoria de fechas, memoria de textos, memoria de nombres, de idiomas hablados con presteza, de  acontecimientos, de charlas, de encuentros, de rincones, de páginas enteras. Memoria de en dónde estaba cada libro y en dónde cada traducción de la biblioteca personal de su departamento pese a que ya se estaba quedando ciega. Memoria de entablar conversaciones interminables, de irse por extravíos y perder aparentemente el hilo y atraparlo tiempo después sin que se rompiera la tensión narrativa y en el momento menos pensado. Memoria de sus viajes con Pablo Neruda, sus paseos con Carol Dunlop y Julio Cortázar. Blanca se sabía de memoria la poesía completa de M.A. Asturias. Varias veces la puse a prueba con una sonrisa. Toda. Pero no solo se la sabía, sino que la tenía impregnada en la sangre. En su voz cualquier frase de Asturias palpitaba. Venía del teatro y la radio de Buenos Aires, y había escrito su tesis sobre ‘El Señor Presidente’, obra de un casi desconocido Miguel Ángel Asturias, antes de toparse casualmente con el escritor en una librería de la capital argentina y enamorarse perdidamente de él desde el primer instante. ‘Miguel Ángel es un Buda Maya’, juraba. Cuando recitaba la poesía de Asturias a uno se le abrían mundos sonoros inimaginables. En su voz no había poema pomposo, mal dicho, ni mal aprendido. Todo era música al estado puro y ella podía pasar de uno a otro sin ningún problema; introduciendo nuevas anécdotas, geografías, lugares precisos y fechas puntuales. A sus ochenta y pico de años también se movía de un lado a otro de su departamento. A menudo su voz inagotable se alejaba en las habitaciones pero enseguida volvía a surgir con nuevas historias de viajes y lugares cada vez más impensables. A veces el teléfono sonaba. Una vez fue Pierre Cardin, otra la secretaria privada de François Miterrand, y otra el mismísimo Fidel Castro. Nunca nos dejaba volver a casa sin contarnos nuevas y más historias de amor y libros mientras nos preparaba 'un pucherito', como llamaba ella a lo que nosotros conocíamos como el cocido guatemalteco. ‘Sin no cenan antes un pucherito no se van a casa, niños’, decía. Muchas cosas agradables recuerdo yo de Blanca, como esa navidad de 1988 que pasamos junto a ella y el pianista argentino Alberto Neuman, un señor a quien quería como a un hijo. Muchas otras como la vez en que la llevamos al metro de París al que nunca en su vida había entrado y nos tardamos la vuelta al globo por habernos olvidado que había que subir y bajar gradas. O las veces en que la acompañamos al cementerio de Père-Lachaise y las horas se nos iban con ella frente a la sepultura de Asturias hablándole de todo. Visitas que yo me prometí continuar más tarde, y que  lejos de volverse un fastidio eran cada vez más fascinantes para nosotros que descubríamos el mundo afuera de Guatemala. Aunque pueda parecer un poco exagerado yo sé  que en sus monólogos frente a la tumba casi se intuían en el aire las respuestas de su Miguel Ángel. Era imposible detenerla cuando se ponía a hablar, porque Blanca en realidad hablaba como cuando cae un aguacero, y sin embargo siempre dejaba una rendija para que le hiciéramos preguntas porque sabían que estas le abrían la puerta hacia el jardín de otros recuerdos. Hablaba como la lluvia, pero como cuando la lluvia cae fuerte es armoniosa y suena sobre la tierra. Muchísimas cosas nos contó y muchísimas cosas me dejaron a mí marcado por el aspecto histórico y literario de un Miguel Ángel Asturias que yo descubrí prácticamente de su mano y a través de esos ojos azules que le brillaban de amor y tristeza cada vez que hablaba de él. Es decir siempre. Un día me di cuenta que todo lo que ella me narraba yo lo estaba escribiendo en una máquina portátil de Miguel Ángel Asturias que no había dejado que nadie tocara. Los años pasaron, tenía que operarse un ojo en Moscú, viajó, y luego se mudó, y solo la volví a ver ocasionalmente en presentaciones de asuntos relacionados con Asturias en París, en donde siempre me abrazaba con el mismo cariño después de haber llegado a la presentación para contradecir a los oradores como una fiera si consideraba que algo no era cierto, o para aclarar las cosas con la misma firmeza y convicción con la que años atrás me había contado cada detalle de su vida con el premio Nobel. Curiosamente, siempre pensé que mientras Blanca estuviera viva era como si Asturias nunca se hubiera muerto. La vi por última vez en la UNESCO de París en 1999 para el centenario del nacimiento de su querido Miguel Ángel, y desde una silla de ruedas la oí hablar con ímpetu sobre la importancia de la ‘Universidad Popular’ y los principios con los que Asturias la había concebido. La oí hablar de pequeños retazos de historias que ya me había contado largo y tendido al calor del corazón durante las tardes de aquellos primeros años de invierno que yo no sabía que para mí empezaban a ser también una vida. Su amor por Asturias era inagotable. Años más tarde el periodista español Ramón Chao, me contó en el pueblo de Sonservera,  en Palma de Mallorca, que Blanca había fallecido  un 19 de octubre, pero aún hoy día nunca he preguntado de qué año, y no sé por qué nunca he querido preguntar. Con la fecha del mes me basta. Un 19 de octubre. La misma fecha en que nació Miguel Ángel Asturias en 1899, y la misma en que obtuvo el Premio Nobel en 1967.  Hay hilos maravillosos de la existencia, la muerte y el amor que quizá no vale la pena tratar de entender para no romper con eso que algunos llaman misterio, magia. Una cita puntual y precisa. Llámesele como quiera.




París 19 de octubre de 2017


jueves, 31 de agosto de 2017

EL PREMIO QUE SE LE OLVIDÓ A ÁLVARO ARZÚ.


Por: Marlon Meza Teni





El 26 de junio de 1997, el entonces Presidente de Guatemala Álvaro Arzú, junto al comandante guerrillero Rolando Morán, vino a recibir a París un premio en nombre de la  paz de un monto de 800,000 francos franceses de la época (110,000 $ dólares estadounidenses, o si se prefiere, más de 1 millón de quetzales) suma que es de suponer fue dividida en partes iguales como reconocimiento por los acuerdos y el cese de la guerra en Guatemala. Un mes antes, el 16 de mayo de 1997, siempre Álvaro Arzú, pero esta vez con Pablo Monsanto de la URNG, habían sido también condecorados en España con el "Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional" y 5 Millones de pesetas,  el equivalente a más de 35 mil dólares hoy día. Pero volvamos al galardón de la UNESCO de París, (con el cual dicho sea de paso han sido también distinguidos, entre otras personalidades: El Rey Juan Carlos I, Nelson Mandela, Jimmy Carter, o las abuelas de la plaza de mayo, de Argentina) porque quizás a muchos se les haya olvidado, o quizá las nuevas generaciones no lo saben, pero tanto a Arzú como a la guerrilla se les reconoció con el "Premio de Fomento de la Paz Félix Houphouet-Boigny". Homenaje y valía que anualmente entrega la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, en París, y que está orientada cito: "...a rendirle homenaje a las personas, organismos o instituciones que de manera significativa hayan contribuido al fomento, la búsqueda, la salvaguardia, y el mantenimiento de la paz respetando la Carta de las Naciones Unidas y la Constitución de la Unesco". (fin de citación).
En su discurso de aceptación del galardón, el mismo Arzú diría textualmente en la capital francesa:“Recibo este premio en nombre de mi pueblo que es quien verdaderamente ha conquistado la paz”, y más adelante “esa paz (…) el profundo sentido de convicción de los actores directos y del pueblo de Guatemala, el cual ha forjado inquebrantable decisión de decir ‘no’ a la violencia”.  Pero de más está rememorar su discurso de antaño para afirmar que hoy resulta vergonzoso -justo cuando los guatemaltecos manifiestan de forma pacífica en medio de un Estado de derecho cada vez más debilitado por una crisis institucional provocada por sus mismos gobernantes-, que este señor, que devenga un sueldo para estar al servicio de su gente sea una deshonra como representante de esos reconocimientos. Porque lo que en realidad revela con su reciente alocución: "Yo firmé la paz… pero también puedo hacer la guerra", no es ni más ni menos que una apología de la guerra solo comparable a la de los fanáticos religiosos de Medio Oriente, que intentan ganar partidarios en conflictos suicidas para desestabilizar Estados aprovechándose de las fracturas sociales y del fuego que se enciende fácilmente en las venas de seres débiles, a menudo sedientos de sangre, y  de escaso juicio.
Quizás resultaría apropiado recordarle sus palabras finales en París cuando dijo: “El proceso que culminó (…) nos dejó como lecciones que siempre que existe una controversia, es preciso para solucionarla comprender las razones del otro y reconocer los errores propios, y que para ello el método es el diálogo respetuoso con un solo objetivo: el bienestar de la patria que es el bienestar de su pueblo”, (fin de citación).
Y es que hoy, al hacer una exaltación de la guerra, Arzú actúa de manera irresponsable como trabajador del Estado al servicio de la población. Lo que nunca estará de más recordarle, son algunos extractos y anexos del premio que le otorgaran en París en junio de 1997, en donde se especifican claramente los motivos del galardón: “…el fomento, la búsqueda, la salvaguardia, y el mantenimiento de la paz respetando la Carta de las Naciones Unidas y la Constitución de la Unesco".  
Y es que en resumen, para avanzar en Guatemala nadie necesita de una paz imprudente, perniciosa, y perjudicial como la que hoy pregona.



Marlon Meza Teni
París, 1 de septiembre de 2017.


     (Photo. Unknown as yet)

martes, 4 de julio de 2017

La curiosidad como madre de la aventura y del descubrimiento.


Por Marlon Meza Teni



Hay muchísima gente a la que cuando le preguntás si ha leído esto, si ha visto lo otro, si ya oyó sobre tal descubrimiento… si conoce a tal compositor, escuchó tal disco de rock, a tal artista, tal película, de inmediato te responden con un tajante "SÍ", como dando a entender 'por supuesto, lo conozco tan bien que saltémonos el tema'. Hasta da pena hablarles de lo que sea por miedo a ofenderlas, o a que se sientan molestos o humillados, y que piensen que lo que uno está tratando al hablarles de un libro, de un dato en la historia o de una anécdota en particular, es entramparlos para mostrar sus deficiencias o vacíos, o peor aún, para hacerlos sentirse algo bestias y nunca al tanto de las cosas simplemente porque las desconocen, no tienen tiempo, o de verdad no les interesan, lo cual no es un pecado. Y a mí me duele el alma y luego el hígado, porque no es tan difícil en la vida decir no, no lo he leído pero contame un poco, no porque es un tema que no me interesa mucho. No lo he visto porque no tengo tiempo de nada pero he visto algo parecido, pero contame un poco, platiquemos, no lo conozco, dame los datos, intercambiemos informaciones. Dame el nombre del autor, del músico, de la fecha de cuando sucedió, en dónde lo puedo encontrar… Pero no, simplemente te responden con 'Sí' tajante, o peor aún: se hacen los sordos y se saltan a un tema a cien años luz del que les estás hablando.
Y a mí me entristece a menudo no poder intercambiar sobre asuntos que son interesantes y que no me den una opinión, o que no me cuenten, porque en las buenas charlas he aprendido a veces mucho más que en los malos libros. Y cuando ya solo en la cocina me preparo algo de comer pienso en lo dificultoso que resulta a menudo transmitir y aprender algo a los demás en un mundo tan precipitado por las apariencias. Y lo penoso que resulta entablar una charla con gente que no tiene el carisma de la curiosidad, un mínimo de espíritu de apertura, ni la gracia que ofrece la sorpresa cuando por fin se responde: 'No, no lo sé, contame, que interesante se oye, luego te cuento yo algo parecido, platiquemos un rato del libro que estoy leyendo'
Me sube mucho la presión arterial este tipo de engendro cada vez más común con quien uno intenta compartir una cosa por mínima que sea, sin más pretensión que la de la convivialidad, y que de inmediato siente temor y te contesta con su falta de disposición para el diálogo y la escucha recíproca, poniéndole punto y final a toda posibilidad de intercambio de lo que sea, diciéndote que ya lo sabe, que ya lo vio, aunque esto no sea cierto. Me provocan ganas de emigrar a otro planeta, o de ponerme a ver alguna caricatura de Tex Avery, reirme solo, y desentenderme por completo de esa parte del mundo atrofiada por la falta de curiosidad y el exceso de soberbia.
Prefiero las charlas con mis alumnos, esos chicos que descubren el mundo con los ojos y los oídos limpios, y que son quienes mejor me enseñan y con palabras simples sobre la realidad de las cosas que están por llegar.
Total, vivimos en un mundo de sumas y restas con esa devastadora enfermedad llamada arrogancia y el boicoteo del sabelotodo que ese sí, a mí no me interesa.

                                                      Photo © Marlon Meza Teni

sábado, 15 de octubre de 2016

Marlon Meza Teni retrata a París y a sus habitantes.

Revista D

Prensa Libre

Meza Teni radica en Francia donde  desarrolla distintas facetas artísticas. El guatemalteco renunció a sus estudios de Arquitectura para dedicarse a la música. En octubre de 1985 dejó  el país y viajó a Francia para instruirse. Le gustan también la fotografía, la literatura y el futbol.

 

 

¿En qué sitios se ha formado?

 
Esencialmente en l’Ecole Normale Superieure de Musique de Paris, con el piano clásico, y en el Conservatorio de Rueil Malmaison, con el piano jazz. Las posibilidades de creación que me ofrece este instrumento son infinitas, hay mundos ahí adentro y sin lugar a dudas es el lugar en donde mejor me siento.


"Disneyland es mi segunda casa, y nunca les he dicho que no a ninguna propuesta". (Foto: Rosalind Harvey).
(Foto: Rosalind Harvey).

¿Cómo fueron sus años en ese centro?


Estudié cuatro años en una clase privilegiada, la del maestro polaco Marian Rybicki. El nivel era altísimo, porque esta escuela es en cierta forma la Meca de los pianistas de concierto que buscan un puente hacia la escena internacional, y él solo formaba a concertistas cuando yo apenas empezaba. Fue muy paciente, me aceptó en su clase cuando yo no tenía técnica de nada, y con la única condición de alcanzar cierto nivel cada trimestre. Le debo el amor y el respeto más grande a la música.

 

¿Ha impartido clases?


Fui profesor de piano del Centro Departamental para las Artes de Versalles durante 21 años, de 1994 a 2015, y director del Departamento de Música durante dos. La enseñanza en mi caso es capital, porque es una aproximación directa con el ser humano. Nunca he sabido quién aprende más, si mis alumnos de mí o yo de ellos.

Hable de su experiencia laboral en Disneyland Paris.


Fui contratado en Disneyland, que en ese entonces se llamaba Eurodisneyland, antes de su apertura en 1992, como músico y director de una comedia musical en donde además de tocar el piano tenía un pequeño papel junto con actores y equipos de bailarinas. Eso duró dos años.

 

¿Qué sucedió después?


Disney-Productions me dio la posibilidad de poner en práctica toda la teoría aprendida en los conservatorios con big bands, music halls y los primeros años de historia del jazz, entonces participé en arreglos y adaptaciones para las orquestas del parque.
Disneyland es mi segunda casa, y nunca les he dicho que no a ninguna propuesta. El nivel de los músicos es muy alto y el lugar me obliga a mantener la imaginación en constante movimiento.

 

¿Continúa laborando con esta empresa?


Cuando se abrió Walt-Disney Studios pasé a la parte de orquestas que interpretaban música de filmes, incluso, terminé cantando por una necesidad de ser polivalente y aportar ideas. Ahí me he cruzado con gente maravillosa. Siempre he dicho que cada vez que acepto nuevos contratos me pagan en realidad por divertirme de manera profesional. No hay que olvidar que Disneyland es el Hollywood de los niños. Sigo a medio tiempo, y durante el verano y Navidad a casi tiempo completo.

 

¿Por qué le gusta tanto el jazz?


No lo sé, quizás por ser un género que nació en la opresión y la esclavitud de un pueblo y que evolucionó hasta llegar a la libertad que ofrece la improvisación.

 

¿Forma parte de algún grupo?


Intento, pero la forma como ha evolucionado el jazz me atrae cada vez menos. En ese orden de ideas, me parece que la propuesta de Gaby Moreno es una especie de milagro de la música actual, porque ha logrado salvar a la tradición del jazz en toda su esencia, haciendo y deshaciendo, en simultáneo con un estilo muy personal y un timbre de voz único.

 

¿Cuál fue el primer poemario que publicó?


Noches de pan con luna, en el 2004, que ya lleva cinco ediciones (francés/español) desde entonces. El tema era muy diverso, pero en resumen era un saldo de mis imágenes oníricas de los ángeles que me perseguían o me invadían la cabeza durante mi niñez.

 

¿Qué títulos le siguieron?


El libro de cuentos Secretos de café con fin (2001),  y los poemarios Kind of Blue (2005-2006) y El paladar del lobo (2012), una breve recopilación de una década. Publiqué también cuentos distribuidos en antologías de revistas y editoriales de Latinoamérica y en la Editorial Popular de España.

 

¿Está trabajando algún nuevo material?


Antes de fin de año debo entregar a mi editor en Francia un nuevo libro de poesía que se llamará Las ilusiones temporales. Es un verdadero sufrimiento porque decidí reescribirlo en francés, es decir, interpretar mis intenciones y no traducir textualmente el texto del español.

 

¿Guarda París Blues, su blog, relación con sus inquietudes literarias?


Ese era el nombre de una columna que tuve en un diario de Guatemala, y que trataba exclusivamente sobre anécdotas de París. Luego pasó a ser el título de uno de mis libros de cuentos y, después, el de mi blog; ahí  no escribo regularmente, pero he publicado crónicas, entrevistas y hasta algunas de mis fotografías. Por último, París Blues, nombró a una serie de pequeños cortometrajes y entrevistas improvisadas con gente en las calles parisinas.

 

¿Qué tipo de literatura le atrae? ¿Cuántos libros tiene?


Nunca cuento cuántos compro, pero leo  muchos y entre esos los que saco de la biblioteca. Leo probablemente una veintena por mes. No manejo carro, dedico  todo el tiempo del transporte público a la lectura, es decir, tres horas diarias como mínimo, más el espacio que dedico a la literatura, y que incluye escritura, estudio y relectura de textos.
No sé cuántos libros tiene mi biblioteca personal, me aterra pensar que hay una cifra que los defina. Solo sé decir que casi no tengo paredes libres en mi departamento. Me atrae toda la literatura, pero también leo muchos de historia, filosofía y de neurobiología. Me intriga el tejido cerebral casi tanto como el piano.

 

La fotografía es otro de sus intereses.


Es el único de mis oficios serios que no me trae ni remuneraciones ni problemas, contrariamente a la música, que me da  para vivir, y la escritura, que solo angustias me ocasiona. La fotografía es mi descanso privado. Mi forma de hacer música visualmente. Mi manera de robarle a la vida un momento peculiar, de apropiarme para siempre de algo extraño.
Los escritores estamos expuestos siempre a que sucedan cosas alrededor de nosotros que muchas veces nadie ve, y si bien es cierto que fotografiar puede ser una forma visual de hacer música, también una foto es una forma de escribir una historia.

 

¿Qué temas prefiere captar?


París y sus habitantes, ese es mi tema preferido. Me gustan los rostros imprevistos, pero también las calles durante la noche. Dedico días enteros durante la primavera y el verano para caminar, recorrer los parques, sentarme en las mesas de algún café, o a las salidas de una estación de metro, donde detecto que algo está por pasar.

 

¿Considera que un artista es incompatible con el futbol?


El futbol es un vínculo fraternal entre los pueblos. Lo detestan, por lo general, los seudo intelectuales que nunca han tocado una pelota, o quienes no saben lo que es el trabajo en equipo. Lo juzgan violento.En Francia (1998) cumplí el sueño de vivir una Copa Mundial de Futbol. Ese año terminaba mi beca y pude extender mi estadía al apostar que el equipo francés le ganaría 3-0 a Brasil. Todo mundo me dijo que eso era poco probable, pero Francia ganó.

 

¿Qué opina de los atentados ocurridos en Francia?


Son hechos cometidos contra los valores de la humanidad.


En Francia

  • Nació en Guatemala (1963). Es músico, escritor y fotógrafo.

  • Obtuvo en el 2005 el premio del Centre National du Livre, Decouverte en Litterature étrangere.

  • En el 2013 recibió la primera Medalla del Senado de Francia otorgada a un artista guatemalteco.

  • En 2014, con ocasión del 40 aniversario del fallecimiento de Miguel Ángel Asturias, ofreció una conferencia para el círculo de embajadores y delegados de la Unesco, en París.

  • Tiene un registro fotográfico de los artistas guatemaltecos que han destacado en Francia.

  • Creó  Pianimages, dedicada a la producción audiovisual.



del 24 de Julio de 2016
 http://www.prensalibre.com/revista-d/marlon-meza-teni-retrata-a-paris-y-a-sus-habitantes